El tren
El tren ha partido de la estación, los viajeros que llegaron ya se van, los andenes quedan solitarios, lúgubres, sombríos, fríos. Enciendo un cigarrillo en medio de la obscuridad, ajusto mi abrigo y sombrero, y me encojo en mi mismo. El frío cala mis huesos, y condensa mi vaho. Me encuentro solo, no asoma ni un alma. Los perros no ladran, ni los grillos cantan, las nubes ocultan la luna, y las estrellas no titilan. El negro de la noche me envuelve y me hace sentir solo, olvidado. No sé si espero, o si me esperan, si voy o si vengo, si avanzo o retrocedo. Las horas pasan, y mi cigarro se consume, miro hacia el cielo y solo encuentro obscuridad. Los relámpagos empiezan a deslumbrar a mis ojos, y las gotas frías empapan mi ropa y el frío me cala más. Sigo sentado en la estación, mi tren he perdido, no tengo boleto de ida ni de vuelta. ¿A qué espero? ¿Quién me espera? ~Hans Speer