Cuento II
Han pasado muchos años desde que llegó la paz a ese pequeño rincón del mundo, lugar pequeño y casi perdido del mapa si no fuese conocido por ser belicoso.
Muchas grandes naciones han intentado invadirlo sin éxito alguno, haciendo que se gesten muchos actos heróicos en su noble suelo. Han pasado cerca de 60 años en continua guerra, de ellos, la mayor parte contra su país vecino, por la disputa de un lago donde hay un yacimiento de petróleo, de ese "oro" negruzco que solo ha ocasionado muerte y destrucción en lugar de avances en favor de la sociedad y que solo enriquece a las élites con su comercio. Es, precisamente, en éste lago, que la gente del lugar tienen por sagrado, donde más sangre se ha vertido y que, si no fuese por los ciclos hidrológicos, sería más sangre que agua. Fue ahí mismo donde el capitán Ernesto perdiese la vida en un ardid en su contra al tratar de devolver la paz a esas naciones. El coronel Pedraza, persona ruin y mezquina, que sólo buscaba su bienestar económico en lugar de luchar por el bienestar de su país, y que llevaba una vida llena de excesos, indigna de un soldado; fue él quien tendiera una emboscada en contra del capitán, debido a los rumores de que el coronel sería destituido de su cargo debido a su vida disoluta y que el alto mando favorecería el ascenso del capitán hasta ocupar el lugar del coronel si las negociaciones resultaban exitosas.
Haciendo creer a sus tropas que un grupo de traidores vendepatrias tendrían un encuentro con el alto mando enemigo asaltaron las posiciones que ocupaban los embajadores de paz de ambos países, la Providencia quiso que en medio del fragor del combate, al coronel Pedraza, que arengaba a sus tropas, una bala perdida acabara con sus planes malévolos, atravesando de lado a lado su cráneo.
Sin duda alguna ésta conspiración artera de Pedraza retrasó la tan ansiada paz de las dos naciones. El capitán Ernesto dió muestras de heroísmo y valentía y, al darse cuenta que eran sus mismas tropas que los atacaban, en vez de acabar con la vida de esos hombres engañados, decidió hacer uso de todas sus fuerzas y detener el combate, no se sabe si fueron las balas amigas o enemigas las que segaron la vida de tan valiente hombre, solo sabemos, por parte de ambos bandos, que gracias a él se detuvo el combate y, mal herido, fue llevado al hospital de campo, acción inútil porque llegó sin vida a éste.
Sin embargo, lo que nos trae aquí no es la vida del capitán, si no otro hecho ocurrido 20 años después y que llevó al final de la guerra y llenó de paz esa tierra que anegada estaba de sangre.
Un joven capitán, que muchos decían era el miso Ernesto que regresó a buscar el fin de las hostilidades, logró concretar las tan ansiadas negociaciones de paz, llegando al común acuerdo de que ambos países no solo dejasen de pelear por el petróleo de la zona, si no que incluso ningún país buscase la explotación de dicho material y la destrucción de la zona, en lugar de eso lo hicieron patrimonio natural de ambas naciones y santuario de las especies que allí habitaban. Pero a ese lugar solo le faltaba ver un hecho funesto para lograr la paz, y la tragedia conmoveria tanto a ambas naciones que, prestas a cumplir sus tratados, dejaron la zona y ahora es un bello lugar de descanso para todo aquél que desee visitarlo. Al estar retirando todo el material bélico de la zona, la compañía de aquél joven capitán estaban retirando sus obuses de un río cercano, muy caudaloso por cierto, y uno de sus hombres cometió el error de manipular una ojiva de alto explosivo sin sus respectivos seguros. Ese día perecieron 6 hombres, y de aquel joven capitán no se encontraron restos.
Hoy por hoy, en aquél tranquilo lago, las autoridades de ambos países erigieron un pequeño obelisco con los nombres de aquellas dos embajadas que buscaron la paz y entre ellos destacan los nombres de dos capitanes que murieron en ese sitio, que venían del mismo poblado y tenían el mismo apellido.
Falta por decir que, el anterior río, desemboca en un lago mucho más grande y que sus aguas cristalinas marcan la frontera de un país mucho más rico y poderoso y, aunque es el país mas fuerte de la zona, es el más pacífico y tranquilo, su existencia lleva, por lo menos, doscientos años sin algún conflicto interno o externo. Precisamente en aquel tranquilo litoral se hallaba edificado el Seminario de la Inmaculada Concepción de María, mismo sitio al que la corriente del río llevaba a un soldado mal herido, inconsciente y con amnesia, debido a un golpe muy fuerte.
Su uniforme iba hecho jirones, lo que parecía indicar que sobrevivió a una fuerte explosión. Los seminaristas que lo encontraron, mientras salían a pasear a la ribera del lago, lo vieron flotando en los despojos de una caja de madera, varios de ellos se despojaron de su sotana y fueron a su rescate, al llegar a la orilla los esperaban más seminaristas y sacerdotes que, improvisando una camilla, lo llevaron a la enfermería de Seminario.
Lo más escandaloso era un golpe en la cabeza aún sangrante, que indicaba un golpe muy fuerte que, aunque le hizo perder la memoria, no puso su vida en riesgo. Entre los bolsillos de aquel soldado encontraron la fotografía, ya gastada, de un militar muy parecido a él, su padre sin duda alguna; la fotografía, un poco más reciente, de una mujer de cerca de 40 años, de pequeña estatura y unos ojos tan dulces que irradiaba paz y bondad; y los papeles de identificación de aquel soldado, desechos por el agua, solo quedaba legible el nombre de aquél soldado, Emilio.
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